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    En Casa de Abuelo para la Medianoche

    Provoste Asociado de Programas de Internacionales y Diversidad Juan Martínez comparte con David Moore, cuentista de Fuller, memorias de viajar a través de los Estados Unidos en vacaciones familiares, y su percepción de EEUU como joven latino.
    Conozca los Cuentistas

    Nota Editorial

    “La historia nos une instantáneamente como conectar una clavija en una toma de corriente. Cuando un lector se emociona en decir ‘¡esa es mi historia, también!’ un circuito eléctrico se completa. Entonces, una luz se derrama en un rincón de la verdad que quizås no se había visto antes.”—de To Have the Mind of Christ? Start by Telling Stories

    —Lauralee Farrer, Cuentista y Editora Principal


    Papá está conduciendo y yo estoy en el asiento trasero. Estamos más allá del peligroso Mojave y Quartzite, con sus tapas de radiadores caras. Desde Indio a Tucson, papá siempre dice “Hay que pasar Tucson antes del mediodía a causa del calor”. Y siempre pensamos lo mismo, “ya sabemos”.

    Estamos a unas 70 millas más allá de Van Horn. A papá le gusta bromear diciendo que El Paso está a medio camino entre nuestra casa en el Valle Central y la familia en el sur de Texas y Monterrey, México. Hacemos esto todos los años. Es nuestra aventura.

    “Gracias a Dios por los Cuentistas”

    Juan Martínez predicó acerca de la importancia de la narración en la Capilla del Seminario Fuller (All-Seminario Chapel), Otoño 2012. Vea aquí »

    “El sol sale
    El sol se pone
    Y todavía estamos
    En Texas.”

    A papá le gusta decir eso. Lo vió en una tarjeta postal en El Paso. A pesar de que hemos estado en Texas durante horas, no vamos a estar en el rancho de mi abuelo cerca de Monterrey hasta después de la medianoche. Apuesto a que mis primos nos estarán esperando. Espero que haya barbacoa. Estamos comiendo burritos caseros o sándwiches de mortadela hasta llegar.

    No he visto esa tarjeta postal. Cuando nos detenemos, Papá entra, pero nosotros nos quedamos en el coche. Las mantas que colgamos como parasol en las ventanas, sirven de excelentes cubiertas para espiar secretamente a la gente extraña en las gasolineras.

    Papá dice que nosotros no somos bienvenidos en algunos lugares. Eso no es nada nuevo. Estoy acostumbrado a ser el “extranjero”. Nací en Chicago, pero en California, la mayoría de mis amigos son de México. Cuando ellos me hacen enojar, les digo: “¡Voy a llamar a la migra!” Entonces ellos se enojan y me llaman “el aleluya” porque yo no voy a misa. Yo voy a la iglesia de papá. Una vez, unas personas llegaron a nuestra casa para ofrecerle ayuda a papa para mudarse del pueblo. Ellos deben de haber cometido un error porque mamá dijo que ya no nos moveríamos. Ella ya no tiene ganas de estarse mudando.

    A través del oeste, mamá y papá recogieron manzanas, limones, fresas, almendras, naranjas. Nos trasladamos de campo a campo. Cuando vivían en Chicago, me tuvieron a mí. Luego, después de dos meses, mamá dijo que era demasiado frío. Entonces nos mudamos a California. De repente ya no estábamos trabajando en el campo. Mi padre se hizo pastor y comenzamos a ir a la iglesia cada domingo.

    Me despierto cuando papá se detiene para cargar gasolina en Alpine. Me asomo por la ventana. Es de mañana, y papá ha conducido a través de toda la noche otra vez. Nuestro viejo Fairline no puede recibir el calor del sol del día, así que después de salir un poco del pueblo, nos detenemos debajo de un árbol y Papá dormirá. Yo tengo que permanecer en el coche, pero me gustaría poder ir a explorar.

    Tengo que estar tranquilo cuando duerme Papá. A veces él se detiene de noche en un área de descanso y duerme en una mesa de picnic o debajo de ella si hace mucho calor. Se supone que mamá duerma, pero es claro que está aburrida. Mamá no está acostumbrada a viajar largas distancias—a lo menos no lo hacía antes de conocer a Papá.

    Juan Martínez

    Viviendo con Legados Injustos: Raza, Justicia y Privilegio

    Desde un panel donde se presentó Juan Martínez
    “Cada cultura, cada sociedad, tiene personas que son privilegiadas y personas que no lo son, y aquellos con privilegio llegan a contar la historia.”

    Mi papá es muy buen conductor. Apenas la semana pasada, estábamos manejando en una carretera montañosa, y un caballo saltó una cerca y se nos puso en frente. Papá frenó de golpe y todos volamos hacia adelante cuando chocamos con él. El caballo chocó el frente del coche y el coche dejó de funcionar. El granjero que era dueño del caballo vino corriendo hacia nosotros. Yo podía oír a Mamá orando. Creo que ella estaba orando por el caballo, mientras que Papá hablaba con el granjero. Tuvimos que permanecer en el coche, pero podíamos oír al caballo quejarse. El granjero dijo que no era nuestra culpa. Mamá dejó de orar y dijo: “gracias, gracias, gracias” en voz baja. No sé por qué dejó de orar. Ella nos dijo que el caballo iba a estar bien, pero papá me dijo más tarde que los caballos no mejoran muy a menudo. Fue un accidente, pero papa va a tratar de evitar chocar contra cualquier cosa por un tiempo.

    La iglesia de papá recaudó dinero para arreglar el coche para que pudiéramos continuar nuestro viaje.

    Papá despertó después de una hora. Comimos algunos de los burritos que Mamá había empacado. Papá dice que estaremos en casa de abuelo para la medianoche.

    La noche pasa y nosotros vamos por la carretera de dos carriles. Me asomo por las mantas y veo los árboles de mezquite por el lado del camino. Sé que hay animales allá fuera y me pregunto si saltarán frente a nuestro auto. Pienso en el caballo y oro para que se haya mejorado—y para que se quede dentro de la cerca.

    Me despierto cuando empezamos a reducir la velocidad. Creo que estamos en un pueblo, pero no hay ningún edificio, sólo luces intermitentes. Me preocupa que Papá haya ido a exceso de velocidad, pero él mueve la cabeza. No es la policía, es la migra. Quieren revisar nuestro auto.

    Un llamado evangélico para la Reforma de Inmigración del Seminario Fuller

    Nuestra camina desde el campus de Pasadena al City Hall es una expresión de nuestro compromiso con la reforma migratoria—reconociendo que es nuestra responsabilidad de cuidar a los desconocidos.

    Escuche la entrevista de Juan con KPCC »

    El oficial habla con Papá. “¿Son todos ciudadanos de EEUU los que están en el coche?” Yo quiero gritar: “¡Yo soy!, ¡Yo soy!” Pero papá me ha dicho que guarde silencio cuando esto sucede. Mamá le da sus papeles. Papá le da sus papeles. Ellos quieren que papá salga del coche.

    Me asomo por la manta y observo el perro olfateando nuestro coche . Quiero acariciar al perro porque se ve solo. De repente, las puertas traseras se abren y una linterna alumbra en mis ojos. El oficial baja la luz y mis ojos tratan de ajustarse nuevamente a la oscuridad.

    Eventualmente nos hacen señas para que continuemos.

    Pasamos por Laredo. Salgo a estirarme de nuevo. Aún estamos a horas del Abuelo. Yo desearía que viviera más cerca, pero voy a poder ir al arroyo con mis primos mexicanos y después a la playa con mis primos tejanos. El océano en Texas es cálido como un baño, no frío como la playa en California.

    Lo único que se puede hacer en este momento es escuchar la radio. A Papá le gusta escuchar las estaciones de México. Las llaman “Border Blasters”. Me imagino a las emisoras de radio con artillería pesada, pero Papá solo dice que realmente son grandes emisoras de radio apuntando hacia los EE.UU. Nosotros a veces escuchamos a los predicadores, Wolfman Jack también tiene un programa en una de ellas. El coloca canciones que a la gente blanca le gusta escuchar. Me gustan algunas de ellas, pero a papá no le gustan.

    Me duermo cuando se despide uno de los predicadores. Planifico lo que voy a hacer primero con mis primos: En primer lugar, vamos a nadar al arroyo. Después, vamos a jugar a la mancha. Quizás podamos ir a la casa de los vecinos para ver la televisión. No cobran mucho para dejarnos verla.

    Los saltos en un camino de terracería me despiertan; estamos en la entrada de la casa de abuelo dos días después de haber salido. El viejo Fairlane lo logró. También Mamá.

    La barbacoa está deliciosa.

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    • David Moore
      David Moore
      David Moore (MA '09) es el administrador de Lowell W. Berry Centro de Formación Permanente (Lowell W. Berry Center for Lifelong Learning) en el Seminario Teológico Fuller, edita “The Burner Blog”, y dirige la Iniciativa de la Iglesia en la Cultura Contemporánea del Centro Brehm de Fuller. Vive con su esposa y sus dos hijos en La Crescenta, California.
    • Tamara McMahon
      Tamara Johnston McMahon
      Tamara es Coordinadora de Operaciones en la Oficina de Servicios al Inmueble (Building Services) de Fuller. Ella es la creativa principal en “Burning Heart Productions”, una activista de comercio justo, y una fotógrafa ávida. Lea su blog aquí.
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